Mirando
la parte superficial de la historia de Ester podría parecer un cuento de hadas.
Era una sencilla doncella hebrea en Susa quien, con su impactante belleza ganó
la atención del Rey y con su dulzura y carácter ganó su corazón. Un verdadero
cuento Disney parece. Del pueblo al palacio. Todo lindo. Todo fácil. ¿Verdad?
No. Lejos de fácil.
Ester
creció con dolor porque era huérfana. Vivió bajo el cuidado de Mardoqueo, su
primo. Por el cuidado que ella recibió vemos que él la amó como a una hija;
pero ella no tenía padres y esa pérdida le tenía que haber afectado. A pesar de
eso, ella vive una vida plena y sencilla hasta que un día llegan a su casa y la
llevan al palacio. Nadie le preguntó qué quería, cuáles eran sus sueños o si
ella estaba de acuerdo o no. Simplemente la llevaron.
Quizás
otras personas te miren y digan que tu vida es perfecta. Tal vez crean que
llegaste ahí sin haber pagado un precio. Cuán equivocada puede estar la gente.
No ven lo que uno ha pasado ni el sacrificio que exigió la vida. Muchas mujeres
sufren en silencio lo que han tenido que pasar o dar, aún sin saber cuáles serían
los resultados. Sin embargo damos. Nos rendimos y morimos a nuestro yo. Y Dios,
en toda Su fidelidad, recompensa a Su tiempo y a Su manera.
Así fue
con Ester. Ella encontró el favor de Jegay, el eunuco encargado de las
doncellas; y luego fue escogida por el rey Asuero como reina. Pareciera que eso
habría sido todo el plan de Dios para ella. Uno podría decir que siendo una
chica abnegada y obediente, Dios le había premiado con una vida de lujo. ¡Esto
sería una punta de vista muy superficial! Dios, quien todo lo sabe, la había
plantado en el escenario de mayor lucha de la historia de Israel. Él sabía que la
necesitaba a ella en ese lugar en ese tiempo.
Me
pregunto cuántas mujeres saben por qué están donde están y si dimensionan lo
que Dios está haciendo. Nada es coincidencia. No nacimos en este tiempo porque
sí no más. Dios a cada una nos arrancó de la eternidad y nos puso en este
tiempo en ese lugar porque Él sabe exactamente qué espera de cada una. Sus
planes son para bien y no para mal. ¿Estaremos dispuestas a pagar el precio que
exige? No caigamos en el error de ver las cosas de manera superficial. El
entorno, sea bueno o sea malo, no es el fin sino solo la circunstancia; y las
circunstancias son pasajeras. El propósito, sin embargo, es eterno.
¿Cuáles
son las circunstancias en las cuales te encuentras hoy? Una mujer de fe nunca
está en donde está por casualidad. Hay un motivo muy importante por el cual
estas pasando por esto. Dios está armando el escenario para que, cuando llegue
el momento, también tú puedas decir, “¿Quién sabe si he llegado para un momento
así?”
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