miércoles, 11 de noviembre de 2015

VALOR PROPIO

Mientras Jesús decía esto, una mujer de entre la multitud levantó la voz y dijo: “¡Dichoso el vientre que te dio a luz, y los senos que te amamantaron!” Jesús respondió: “Más bien, dichosos los que escuchan la Palabra de Dios, y la obedecen.”
Lucas 11:27 y 28

Jesús estaba enseñando por todas partes. Ya era renombrado entre la gente por Sus enseñanzas y por los milagros que hacía. Un día, en medio de la multitud, una mujer levanta la voz y dice “¡Dichoso el vientre que te dio a luz, y los senos que te amamantaron!” Estas palabras, pronunciadas ante mucha gente, pueden parecer hasta groseras. ¿Cómo habrá reaccionado la gente cuando oyeron lo que dijo? ¿Será que sus palabras causaron timidez en alguno?

En el contexto cultural de la época, dicha mujer estaba expresando mucho más que un simple pensamiento. En ese tiempo, el valor de una mujer yacía en los hijos que tuviera. Si una mujer no tenía hijos, era considerada sin valor. Si tenía hijos, si estos eran ejemplares, ella era enaltecida. Lo que esta mujer decía con sus palabras era “¡Eres admirable! Tu mamá es honrada por quien eres Tú. Quisiera lo mismo.”

No sé cuál podrá haber sido la situación de ella ni de su familia. Quizás había sufrido a causa de sus hijos; tal vez simplemente admiraba mucho a Jesús y reconocía Su señorío; o podría ser que no tenía hijos. No tenemos forma de saberlo. Esto sí: ella medía su valor según las normas de la época. Para ella, su valor era fijado por cosas externas. No entendía que su valor no era establecido por lo que ella hacía o no, sino por lo que haría Quien estaba parado frente a ella.

Muchas mujeres creen que un hombre las hará completas. Otras buscan la realización personal que anhelan en cosas materiales y logros personales. Es lo mismo que esa mujer le expresaba a Jesús. Cambia las letras nada más:
“¡Dichosa la mujer que tenga un esposo como aquel!”
“¡Dichosa la que tenga un cuerpo con esas medidas!”
“¡Dichosa la que tenga ese auto/esa casa/esa familia/un novio!” (Puedes agregar cuantas cosas quieras ahí).

Hoy muchas mujeres siguen buscando su valor en lo que hacen: el trabajo, el sueldo, los hijos, la familia perfecta, la casa, la carrera profesional, el autoimagen y muchas cosas más. Aunque todo esto puede ser importante, no nos otorga ni nos resta valor como persona. ¿Qué es importante según nuestra cultura? Mirando los medios, pareciera que una mujer debe tener cierta figura, vestirse de cierta manera, poseer ciertos bienes y alcanzar ciertas cosas. ¡Nada de esto es acertado! Nos quieren hacer creer que para ser alguien debemos seguir modelos que nos imponen. Esto es mentira. Solo debes ser tú. Y solo necesitas a Cristo. 

Siempre queremos más. Pensamos que si tan solo podamos tener ese algo entonces todo estará bien. No es así. Mientras busquemos nuestro valor en cosas externas u otras personas, seguiremos sintiéndonos sin valor. Si nuestro valor dependiera de lo que hacemos o tenemos, ¡algunas estaríamos muy mal! ¡Qué bueno que Dios no nos mide como el mundo lo hace! A Él no le impresiona cosas superfluas. Al Señor le impacta tu corazón. Nuestro valor está en Cristo. Antes de tener un trabajo, aún sin familia y aunque no tengamos un ministerio u dinero abundante tenemos valor – no por lo que hacemos, y mucho menos por lo que tenemos. Es por quien es Él y por lo que Él ha hecho.

Jesús le aclaró a esa mujer que los que obedecen Su Palabra son verdaderamente dichosos. La Palabra nos llama a entregarnos a Él, a vivir por Él y a descansar en Él. No nos empuja a tener más ni a ser “alguien”, sino a estar cada día más cerca de Él. La Biblia nos enseña que todos los que están cerca de Él son exitosos.


Si tu valor dependiera de lo que haces, sería muy inestable. Es porque se encuentra en Cristo que es inquebrantable. Todo puede fallar. Lo pasajero desaparecerá. Cristo permanece por siempre.

martes, 10 de noviembre de 2015

ANTE EL SALVADOR

Si en el segundo encuentro de Pedro con Jesús la pesca abundante haya sido el único milagro, sería una excelente muestra del poder de Jesús en acción. Pero sucede otro milagro, uno que está escondido detrás del primero o por lo menos, después. 

En el primer encuentro entre estos dos hombres Jesús había visto a Pedro por quién es en Él; pero ahora Pedro ve a Jesús por quien realmente es. Repentinamente el velo cae de sus ojos y comprende que este Mesías es quien gobierna, no los romanos. Por un instante contempla la majestad de quien está frente a él y su reacción revela nuestra única posible respuesta ante el Rey: “Viendo esto Simón Pedro, se postró delante de Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.” Es la misma actitud de Isaías cuando dijo, “¡Ay de mi! Que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios…han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.” Ante la majestuosidad y el poder del Señor, contemplamos nuestra vergüenza. Al ver tan solo parte de Su grandeza, comprendemos nuestra imperfección. Pedro se humilla, física y espiritualmente ante Jesús y reconoce la verdad: es un hombre pecador de rodillas ante el Salvador.

Jesús busca revelarse al corazón de manera personal e íntima. Es muy llamativo que Él no escoge un templo o tabernáculo, ni siquiera un palacio o una casa para tener este encuentro. Él elige la barca de Pedro – su medio de subsistencia, probablemente el lugar que conoce más que cualquier otro, para correr la cortina. Él no es un Dios lejano. Conoce tu realidad. No opera según normas, reglas o estructuras. Es real – tan real como el olor a pescado en esa barca.

A veces las mujeres pensamos que lo que hacemos es demasiado cotidiano como para interesarle a Dios. Miramos alrededor y observamos otras más preparadas, más cuidadas, más algo...y pensamos "¿Por qué se ha de interesar en mí?" Error. El Señor conoce tu realidad mejor que nadie y viene al encuentro ahí donde estas. No te pide ir hacia Él. Solo quiere que dispongas tu barca para ese encuentro.

Jesús mira a Pedro con ojos de amor. Aunque parece repetir lo que dijo en el primer encuentro, la diferencia es que ahora se dirige exclusivamente a su discípulo privilegiado. En aquella oportunidad, cuando había dado a Simón el nuevo nombre, había dicho a todos los que estaban ahí, “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.” En esta ocasión se dirige directamente a Pedro, postrado delante de Él, diciendo: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres.” Jesús comprende exactamente lo que está sucediendo dentro de Pedro. Sabe que este hombre se ha encontrado, no solamente con Él, sino también consigo mismo; y también sabe que es a partir de ese momento que realmente va a poder acudir al llamado y caminar hacia la plenitud que Cristo ya declaró.

El segundo encuentro de Pedro con Jesús es más personal que el primero. Ya ha tenido el encuentro con el Salvador, ahora ve a su Señor. Se postra delante de Él y reconoce su propia necesidad de Dios. ¿Has tenido este tipo de encuentro con Cristo? Quizás hayas dado tu corazón a Él, aceptándole como tu Único y Suficiente Salvador. Si no lo has hecho aún, te aliento a que antes de continuar entregues tu corazón a Él. Nunca más serás igual. (Abajo hay una sencilla oración que puedes decirle. Él te oirá y te salvará). Si ya has tomado ese paso ¡Aleluya!

Necesitamos comprender que estando dentro del redil de Dios, seguimos siendo transformadas por Su poder hasta el último día de nuestra vida. A partir de este suceso Pedro entra en la escuela de Cristo, en el cual su carácter es transformado, su conocimiento es ampliado y su fe es aumentado – todo esto a través de una variedad de experiencias y pruebas. Cuán importante es tener la predisposición para aprender. El espíritu enseñable nos permite avanzar y nos mantiene siempre en humildad. ¡Sea que tenemos diez, veinte o noventa años de edad, seguimos en proceso!

Pedro ha sido hallado y ha encontrado lo que buscaba. A los pies de Cristo comprende que esto es solo el comienzo de su historia. Ve un futuro abrirse ante ellos, en el cual se puede llegar a cumplir los sueños que le queman el corazón. Después de ese momento, Pedro se convierte en la sombra de Jesús. Vez tras vez él está en el centro de casi cada suceso, cada circunstancia. A veces florece su temperamento pero ahí está, avanzando con fuerza. Admiro la capacidad de Pedro de no perder nada. Comparte sus ideas, se lanza con fe ciega, responde a veces sin tener idea de lo correcto, pero jamás retrocede. Es un violento del Reino.


¿Qué quema tu corazón? ¿Cómo está tu proceso con el Señor? Comienza y termina en Él. Conviértete también en Su sombra. Búscale con fervor y tú también  serás pescador de hombres.

ORACIÓN DE ENTREGA:
Sí aún no aceptaste al Señor Jesús como tu Único y Suficiente Salvador, no esperes más. Aquí hay una sencilla oración que te puede guiar en este paso:

Señor Jesús, 
Reconozco que soy pecador. Te pido que me perdones y que entres a mi vida. Te entrego mi corazón.  Gracias por morir en la cruz y vencer a la muerte por mí. A partir de hoy eres mi Salvador y yo soy tuyo.
Amén

lunes, 9 de noviembre de 2015

ANTES DEL MILAGRO

Pedro ya había conocido a Jesús. Su hermano le había llevado junto al Maestro y éste le había reconocido como Cefas (Pedro). Luego de un tiempo sucede otro encuentro.

 Un día, Jesús estaba cerca del lago de Genesaret. Mucha gente le seguía y muy pronto se apiñaron alrededor Suyo. Pedro estaba ahí, limpiando las redes después de una larga noche sin fruto. Habían estado sobre las aguas toda la noche, tirando la red solo para verla devuelta vacía. Desilusión y cansancio: la peor combinación. Pedro y sus compañeros estaban acostumbrados a estar vendiendo a esta hora, pero esa mañana ahí estaban, limpiando las redes en silencio insatisfecho.

El trabajo del pescador es muy cansador. Además, ellos no tenían maquinarias ni tecnología. Solo tenían las redes, sus brazos y el aprendizaje de años de labor. Es probable que lo único que querían fuera ir a casa a desayunar y luego dormir. Jesús se acerca y le pide a Pedro que en su barca le sacara un poquito de la costa para poder enseñar a la gente. Con la afirmación de Pedro, su barca se convierte en una plataforma para el Maestro de los maestros.

Puedo imaginar a Pedro sentado ahí, cansado y molesto pero escuchando las Palabras de Jesús. La Biblia no nos cuenta sobre qué habló ¡pero lo más probable es que haya sido muy interesante! Lo que sucede a continuación cambiaría la vida del pescador por siempre. Jesús termina de hablar, se da la vuelta y le dice a Pedro, “Vamos a pescar.” Veo algo jocoso en esta parte de la historia. Tal vez haya cruzado por su mente pensamientos como “Esto tiene que ser una broma de mal gusto. ¿Pescar? ¿Ahora? Si en toda la noche ni un pez vimos; y encima ¿quién es el pescador aquí? ¿Él o yo?” Pedro sabe que Jesús sabe mucho, pero si hay algo de lo cual él sabe ¡es la pesca!

La respuesta de este discípulo, quien a menudo es interpretado como fuerte e independiente, revela un corazón humilde y obediente. Primero le responde a Jesús con la verdad: “Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado”. Luego consiente: “…más en Tu palabra echaré la red.” En otras palabras, “Porque tú me lo dices, lo haré.” Es la obediencia en su más pura expresión. “Sé cuál es la realidad porque lo vivo, pero creo en Ti y te obedeceré.” ¿Quién dijo que lo que Dios te pida tenga que tener sentido? Ante Su petición, tendrás que tomar una decisión. La obediencia nunca es una obligación sino una opción.

A menudo Jesús se nos acerca en nuestro peor momento. Cuando más bajos estamos, mayor es nuestra hambre de Él. A veces hace falta encontrar vacía la red. Trabajamos, nos esforzamos, lo intentamos vez tras vez y no funciona. Es por un motivo. Las redes vacías de Pedro preparaban el escenario para el milagro. Fue a través de su necesidad que Dios preparó su corazón, su mente y su cuerpo para recibir lo que Él tenía preparado.


Entonces echan las redes de nuevo. ¡Esta vez se llenan tanto que comienzan a romperse! Lo que pasaba iba en contra de toda lógica y ciencia. Los pescadores saben que de noche se pesca porque los peces suben a la superficie y que en el día bajan a las profundidades para evitar la luz y el calor del sol. Ahí estaban, con un sol radiante y la red rebosante. Dios obra como Él quiere, cuando quiere, donde quiere, con quien quiere. No hay límites a lo que Él puede hacer. Él no obedece las leyes, sino las mismas leyes le obedecen a Él. Las circunstancias de tu vida no limitan Su poder. El tiempo correcto para tu milagro es cuando Él lo diga. Las circunstancias podrán ser adversas, tu ánimo podrá estar abatido, pero Él hará. 

No te desanimes si has estado trabajando adruamente sin ver los resultados. Dios está preparando el escenario. Solo toma la decisión de obedecer, aunque lo que Él te pida no tenga sentido. El Dios de milagros está a tu favor.

domingo, 8 de noviembre de 2015

DE CONVERSIÓN A COMPROMISO

El primer encuentro entre Jesús y Pedro, es equivalente a su conversión. Es el encuentro con el Salvador. Jesús es el único camino a la salvación. Cuando tú o yo nos encontramos con Él, confesamos nuestros pecados y le pedimos que habite en nosotros, suceden cosas muy importantes. Somos libres del pasado y del pecado; y tenemos una nueva identidad. Cristo le reconoce a Pedro en dos maneras en ese primer encuentro: cómo Simón, hijo de Jonás (su identidad terrenal, conocida por todos); y como quién será (Pedro, la roca sobre la cual Él edificaría la iglesia). En este momento, muchas cosas Pedro no está entendiendo. Así es cuando venimos a Cristo. Muchas cosas no entendemos – sin embargo Él ya nos ve, no como quién hemos sido ni como somos en ese momento, sino como quién seremos en Él. Él sabe que hay un proceso por lo cual pasaremos; que seremos probados, enseñados y levantados por Su poder; y Él ya ve el final. Qué importante es que aprendamos a vernos a nosotros mismos como Él lo hace.

En este encuentro Jesús le ve a Pedro. Más adelante este realmente verá a Jesús. En este tiempo Pedro, Andrés y todos los otros discípulos quienes siguieron a Jesús (en un principio fueron muchos más que doce) interpretan el título de “Mesías” de una sola forma: Libertador en contra de los romanos. Están esperando; ansían que las profecías se cumplan en la persona de un defensor de su nación. Sus ojos están fijos en lo natural y es por eso que Pedro no ve a Jesús en lo espiritual. Aunque su visión está muy limitada, la de Jesús nunca lo es. Él ve en Pedro el campeón que sabe que es.

Después de este encuentro, Pedro sigue pescando, quizás menos que antes porque ahora pasa también tiempo con el Mesías. Había recibido el llamado: “Venid en pos de mí y yo os haré pescadores de hombres.” Esto fue dicho a muchas personas. En ese momento muchos son llamados y Jesús tiene muchos discípulos. Todavía no ha escogido a los doce. Puedo imaginar su intriga al preguntarse cuándo iba a tomar los primeros pasos en contra de los romanos, y su asombro al ver el poder de Cristo manifiesto en sanidad y liberación. Se habrá emocionado más de una vez al ver los milagros y prodigios de Jesús, pensando que esto era prueba de que los invasores no iban a poder en contra de Él.


Pero Dios tenía un plan. Él siempre tiene uno. No podemos decir por qué Jesús escogió específicamente a Pedro para ser la persona más cercana a Él mientras caminó en la tierra, pero basándome en 1 Samuel 16, me atrevo a decir que Él basó esa elección en lo que vio en su corazón. Esto me alienta muchísimo. Tanto me identifico con este hombre impulsivo, de carácter firme quien no una o dos veces, sino muchísimas veces metió la pata. Él no pensaba sino después de haber actuado, a menudo respondía preguntas sin saber la respuesta y estaba dispuesto a lanzarse por fe a cualquier lugar. Dios no necesita la perfección. Espera la disposición. No hay atributo que Él no pueda cambiar. Nada de lo que hay en ti podrá evitar que Él te use, a no ser tu decisión de no hacerlo.

sábado, 7 de noviembre de 2015

PESCA Y PROCESOS


Dios tiene Su manera de trabajar. No es igual a la nuestra. A menudo, Su forma de hacer las cosas parece ilógica. Aunque Él tiene el poder suficiente para hacer todo con un toque de Su dedo, escoge trabajar a través de procesos porque sabe que es mejor para nosotros. Es interesante ver cómo Dios trabaja en la vida de diferentes personajes bíblicos, pero creo que uno de los más impresionantes es el de Pedro: un obrero quien, a través de diversas experiencias se convirtió en lo que Jesús anunció sería: la roca sobre la cual edificaría la iglesia. Fue un hombre sencillo quien llegó a ser un predicador de las Buenas Nuevas para la conversión de miles.

 La vida de Simón Pedro nos enseña una lección tras otra. Una de las muchas lecciones que me ha enseñado y alentado es que Dios usó con tremendo poder la vida de un hombre quien era todo menos perfecto. ¿Qué no podrá hacer nuestro Dios? ¿A quién no podrá usar? Toma en Sus manos a este pescador, tosco e impetuoso, y sobre él edifica la iglesia. ¡Tú y yo, en Sus manos, somos imparables!
A menudo miramos a nosotros mismos y creemos que no tenemos lo que hace falta para lograr los sueños propuestos. Nos encontramos frente a limitaciones y dificultades que parecen ser demasiado grandes como para poder llegar a la meta. No somos tan diferentes que Pedro. Vez tras vez falló, respondía preguntas sin saber las respuestas y actuaba sin medir las consecuencias. Impulsivo, reacio y de voluntad fuerte, él tenía mucho que aprender. ¿Quién no?

El primer encuentro de Pedro con Jesús marcó su vida para siempre. Su hermano, Andrés, vino corriendo junto a él a decirle que había encontrado al Mesías. Estos hermanos conocían la Palabra y las profecías acerca del Mesías. Estaban esperando la llegada del Libertador. Las palabras de Andrés son tan directas y sencillas que sorprenden: “Le encontramos”. No “Encontramos quien dice ser” ni “Hallamos quien creemos es”. Es sencillo: Él es. ¿Será que su corazón sabía la verdad – que a quien iba a conocer iba a cambiar su vida? ¿Podría ser que confiaba tanto en su hermano que ni cuestionó lo que le dijo? ¿O será posible que él y su hermano, a pesar de ser hombres sencillos, esperaran con ansias el día de la llegada del Mesías? Estos detalles no podremos saber, pero si tenemos la palabras de Jesús al verlo a Simón.


Pedro va con su hermano Andrés y se encuentra con Jesús por primera vez. Antes de poder dirigir una palabra a Jesús, el Maestro le reconoce, diciendo, “Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir Pedro).” Dios sabe quién eres y de dónde vienes; y sabe también cuál es tu identidad en Él. Aunque sabe todo acerca de ti en lo natural, te considera quién serás en lo plenitud que Él planea para ti. Jesús te mira y ve una campeóna! 

Toma ánimo de tu Padre hoy. Él es quien te hizo, te conoce íntimamente y te ama. Sabe de tus flaquezas y está trabajando. Conoce tus luchas y dificultades, y te sostiene. Ve lo hermosa que eres y se emociona al estar cerca de ti. El Señor te levanta con Su mano de poder. Nada podrá impedir el cumplimiento de Sus planes en tu vida. Acércate a Él, llénate de Él y avanza con fe. Su proceso no ha terminado. Gloria a Él!

jueves, 5 de noviembre de 2015

DATE PRISA


El tiempo es muy importante para Dios. A pesar de que Él habita la eternidad, nos enseña a enumerar nuestros días. Es cierto que Dios tiene tiempos establecidos para todo. Las estaciones y las etapas de la vida, cada una con sus características, son ejemplos del ciclo natural. He aprendido acerca de las estaciones de Dios a través de los años. He vivido tiempos marcados por Él, y  cuando una etapa terminó lo supe. Lo pude sentir. Era el cambio de capítulo en el libro de mi vida.

El tiempo de Dios es siempre perfecto. En vano uno procura de apurarlo. Si no ha llegado, no importa qué hagas, las cosas no van a salir. Si es Su tiempo ¿qué hacemos? Él sabe perfectamente cómo deben ser las cosas para poder lograr Sus propósitos. Los problemas surgen cuando queremos que todo suceda a nuestro tiempo y a nuestra manera.

Dios llegó un día junto a un hombre llamado Lot para salvar a él y a su familia. Tenían que dejar las perversas ciudades de Sodoma y Gomorra porque Él las iba a destruir. Se había acabado una etapa de perversión y comenzaba una nueva. Pero el Señor quería algo. “Pero date prisa y corre a ella, porque yo no podre hacer nada hasta que llegues allá.” (Génesis 19:22)El Señor le dijo a Lot que se apresurara en llegar a Soar porque solamente así iba a seguir desarrollándose Su plan.

Tengo que preguntarme: ¿Estoy donde debo estar?  ¿Es este el lugar en donde Dios quiere que yo esté en este tiempo?  Si me aseguro de haber obedecido a Dios,  Él podrá seguir con lo que ha planeado.  Si me opongo o simplemente no me preocupo por obedecerle,  Sus planes perfectos esperarán hasta que lo que haga. 

Oramos:

Señor,  sé que tus planes siempre son mejores que los míos. Ayúdame a escucharte y a obedecerte;  Y que,  en todo tiempo,  esté yo donde Tú quieres que esté.

UNA MUJER DE VERDAD


            ¿Qué hace que una sea “una mujer de verdad”? ¿Quién establece los parámetros para nuestra evaluación? Solamente puedo mirar a la Palabra de Dios para descubrir de qué se trata.

            Durante años me había molestado el famoso capítulo 31 de Proverbios, por la sencilla razón que fija estándares tan altos que nos sentimos en falta siempre. Encontramos en esas líneas desafíos muy grandes y posiblemente faltas nuestras también. Ella se levanta de madrugada (quién no prefiere dormir), su familia es perfecta (la mía está lejos de algo parecido a la perfección) y administra todo como si fuera una corporación multinacional. ¿Dónde entro yo en todo eso? Estoy lejos de esa perfección.

            Mirando la historia de una mujer de la Biblia encuentro cosas muy interesantes acera de la “mujer de verdad”. Ella sufrió situaciones muy graves, tuvo que dejar de lado lo que anhelaba por obediencia, cumplió su propósito a pesar de que exigió un precio muy alto e impactó en su generación y en la historia de su nación. Esa mujer se llama Ester.

            Ella, como muchas mujeres hoy, no tenía un título o cargo de mucha autoridad. Su posición era reina porque era esposa del rey. Estaba expuesta  a muchas cosas pero en todo tenía que estar sujeta a su esposo, aún a cuestas de su vida. Ester vivió en Susa y estaba casada con el rey de Persia. Nosotras vivimos en el Siglo XXI. Si los hombres de hoy siguen pensando como el rey de hace tres mil años (me obedeces o morís) sería bastante triste. La mujer debe someterse a la autoridad del hombre, pero él no ha recibido autoridad para aplastar o lastimar.

            Aún así vemos que el rey favoreció a Ester. Bien la podría haber mandado matar, pero la recibió. Una mujer llena de la gracia de Dios encuentra favor en todo lugar y circunstancia. Y así fue con Ester. Ella supo comprender el papel que Dios quería que desenvolviera. No fue limitada por las circunstancias culturales u otras. Ella obedeció al Señor y llenó el lugar que Dios diseñó para ella.

            A menudo ponemos excusas a la hora de movernos. Es demasiado peligroso. Me van a criticar. No tengo lo que se necesita. Sin embargo, con Dios a nuestro lado somos mayoría. Aunque pases por el valle de la sombra de la muerte ¿por qué temer? ¡Él está contigo! Lo que la gente diga no define quién eres. Tu identidad se encuentra en Dios, y lo descubrirás en Su Palabra. Y nadie tiene lo que se necesita. ¡Eso es lo que hace de este viaje algo tan emocionante! A pesar de que no somos capaces, ganamos porque Aquel quien nos llama nos capacita y nos da la victoria.


            ¡No te desanimes, mujer! Dios no te pide la perfección. Sí, quiere tu entrega absoluta. Como Ester, entrando ante el rey sin saber cuál sería el resultado pero decidida en hacer Su perfecta voluntad, el Señor te pide que confíes en Él. Él camina contigo y no te soltará. Descubrirás que en Dios está todo lo que necesitas para ser una “mujer de verdad”.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

PARA UN MOMENTO COMO ESTE


            Mirando la parte superficial de la historia de Ester podría parecer un cuento de hadas. Era una sencilla doncella hebrea en Susa quien, con su impactante belleza ganó la atención del Rey y con su dulzura y carácter ganó su corazón. Un verdadero cuento Disney parece. Del pueblo al palacio. Todo lindo. Todo fácil. ¿Verdad? No. Lejos de fácil.

            Ester creció con dolor porque era huérfana. Vivió bajo el cuidado de Mardoqueo, su primo. Por el cuidado que ella recibió vemos que él la amó como a una hija; pero ella no tenía padres y esa pérdida le tenía que haber afectado. A pesar de eso, ella vive una vida plena y sencilla hasta que un día llegan a su casa y la llevan al palacio. Nadie le preguntó qué quería, cuáles eran sus sueños o si ella estaba de acuerdo o no. Simplemente la llevaron.

            Quizás otras personas te miren y digan que tu vida es perfecta. Tal vez crean que llegaste ahí sin haber pagado un precio. Cuán equivocada puede estar la gente. No ven lo que uno ha pasado ni el sacrificio que exigió la vida. Muchas mujeres sufren en silencio lo que han tenido que pasar o dar, aún sin saber cuáles serían los resultados. Sin embargo damos. Nos rendimos y morimos a nuestro yo. Y Dios, en toda Su fidelidad, recompensa a Su tiempo y a Su manera.

            Así fue con Ester. Ella encontró el favor de Jegay, el eunuco encargado de las doncellas; y luego fue escogida por el rey Asuero como reina. Pareciera que eso habría sido todo el plan de Dios para ella. Uno podría decir que siendo una chica abnegada y obediente, Dios le había premiado con una vida de lujo. ¡Esto sería una punta de vista muy superficial! Dios, quien todo lo sabe, la había plantado en el escenario de mayor lucha de la historia de Israel. Él sabía que la necesitaba a ella en ese lugar en ese tiempo.

            Me pregunto cuántas mujeres saben por qué están donde están y si dimensionan lo que Dios está haciendo. Nada es coincidencia. No nacimos en este tiempo porque sí no más. Dios a cada una nos arrancó de la eternidad y nos puso en este tiempo en ese lugar porque Él sabe exactamente qué espera de cada una. Sus planes son para bien y no para mal. ¿Estaremos dispuestas a pagar el precio que exige? No caigamos en el error de ver las cosas de manera superficial. El entorno, sea bueno o sea malo, no es el fin sino solo la circunstancia; y las circunstancias son pasajeras. El propósito, sin embargo, es eterno.


            ¿Cuáles son las circunstancias en las cuales te encuentras hoy? Una mujer de fe nunca está en donde está por casualidad. Hay un motivo muy importante por el cual estas pasando por esto. Dios está armando el escenario para que, cuando llegue el momento, también tú puedas decir, “¿Quién sabe si he llegado para un momento así?” 

martes, 3 de noviembre de 2015

TRANSFORMADOS


Una de las cosas que más daño hace a la iglesia es la religiosidad. Cuando nos encontramos separando a la gente en categorías, estamos cumpliendo un papel que nadie nos dio. Dios no nos llama a ser jueces, sino a amar. Sin límites, si condiciones, aunque cueste. Nuestro Padre usa a quien le plazca usar. Esto significa que Él puede usar gente de tu entorno para bendecirte, o quizás use personas que están en completamente otro sentir. Puede usar hasta al vagabundo del barrio para hablarte  - ¡si hasta a un burro lo hizo hablar, que nada te sorprenda! No caigamos en el error de creer que Dios necesita de gente santa para hacer Su Obra. Somos hechos santos por Él y en Su misericordia nos usa. Miremos una relación entre dos personas muy diferentes: Moisés y Jetro.

A Jetro lo vemos por primera vez en Madian, cuando urge a sus hijas traer a la casa al extranjero quien las había defendido. Ni idea tenía quién era que llegaba a su casa a cenar. Dios tenía un plan para ambos. Usó a Moisés para bendecir a Jetro, y a Jetro para bendecir a Moisés. Construyeron una relación. ¿Será que Moisés, quien había conocido la figura paterno pero no había crecido con su padre, encontró en Jetro lo que más necesitaba durante el proceso de preparación? Moisés quedó con ellos, se casó con la hija de Jetro y trabajó para él. Se ubicó debajo de la autoridad de Jetro. Ambos encontraron algo nuevo y necesitado en el otro, aunque eran completamente diferentes:
MOISÉS
JETRO
Más joven
Mayor
Hebreo
Madianita
Creció en un palacio
Creció como pastor
Volátil
Estable
Bien intencionado
Organizado
Inseguro
Confiado
Llamado a liderar
Llamado a preparer al líder

Después de que Dios le llamó a Moisés a través de la zarza, lo primero que hizo Moisés fue volver a casa y hablar con Jetro, su suegro. Le dijo que con su permiso, iría. Él valoraba a su suegro y recibía consejo de él. De esta manera reconocía su autoridad y su sabiduría. Esta actitud fue lo que preparó el corazón de Jetro para lo que después vendría. Moisés, el hebreo criado en el palacio del faraón quien había matado y corrido llamado a ser el libertador de su pueblo, precisaba de los consejos del mayor y más sabio sacerdote madianita. El sacerdote madianita necesitaba al Dios a quien el libertador más joven e inexperimentado le podía enseñar. El mejor regalo que una persona puede dar a otra es la fe en Dios. Los verdaderos amigos dan y reciben.

El trasfondo religioso de Jetro (los madianitas no adoraban a Jehová) no impidió sino que preparó su corazón para recibir la Verdad. Cuando vio lo que Dios había hecho por Israel, su respuesta fue alabanza sincera. Ser el suegro de Moisés durante cuarenta años le había dado la oportunidad de ver como Dios formaba a quien llamó.

Las palabras de Jetro EN Éxodo 18: 11 revelan que encontró a Dios en el testimonio de vida de Moisés: “Ahora sé que el Señor es más grande que todos los dioses, porque en este caso él los venció.” Tu vida y la mía es lo que grita al mundo del poder de Dios.


En Jetro encontramos un hombre quien, aunque al principio no conocía a Dios, fue usado por Él hasta reconocer Su grandeza. Él tenía mucho que ofrecer. Vemos desde el primer momento que es una persona capaz, noble y de carácter. Él ayuda a Moisés a organizarse para lograr mejores resultados. Le enseña al libertador a valorar a su equipo y a levantar a otros, en vez de hacerlo todo solo. ¿Quiénes en nuestras vidas, aunque no conozcan aún a Dios, son usados por Él? ¿Somos conscientes de su valor? Un error sería creer que el Señor solamente usa a Sus hijos. Él usa a quién quiera. Como Sus hijos, debemos tener el corazón de Dios – que ama y valora a cada persona, y saber recibir lo bueno que Él nos da a través de ellos. 

martes, 7 de octubre de 2014

CENARÉ CON ÉL

Los demás pueden ver tu vida y creer que todo ha sido fácil, que todo está resuelto; mientras solo tú sabes cuánto has tenido que sacrificar para llegar hasta dónde estás. No hay ganancia sin paga y no hay victoria sin batalla.

¿Qué precio has pagado por estar donde hoy estas? ¿Qué has tenido que dejar por el camino para poder llegar a la meta? Como corredores, tenemos que ir despejándonos de cosas que nos impiden correr con diligencia la carrera. Esto es parte del proceso que vivimos con el Señor. Él nos muestra fielmente a medida que avanzamos qué debemos soltar, qué debe ser transformado y qué debe ser fortalecido para ser cada día más como Él.

Efesios 4:22 dice: “que en cuanto a vuestra anterior manera de vivir, os despojéis del viejo hombre, que se corrompe según los deseos engañosos,”. Quien éramos antes de conocer a Cristo no nos conviene. Dios quiere restaurarnos a Su diseño original y solo podrá suceder cuando permitimos que Él con plena libertad obre en nuestra mente, alma y espíritu. Ser como Cristo es un desafío. El escudriñar la Palabra nos posibilita mirarle a Él y eso hace que seamos confrontadas por cómo somos nosotras. Entonces el Espíritu Santo nos muestra cuál es la decisión correcta. “Esto debes dejar”, “Ya no quiero que hagas así” o “Debes tomar una decisión”. Él sabe exactamente qué decirnos. Nosotras sabemos qué decidir. Al final, la decisión es nuestra.

Apocalipsis 3:20 aclara: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo.”  Este versículo tan conocido no va dirigido a los que no le conocen, como muchos creen, sino a la misma iglesia. Nosotras le abrimos la puerta para que Él entre a nuestra vida. Entonces cenamos con Él – pasamos tiempo agradable, tiempo de intimidad con Él. Dios quiere mucho más con Sus hijos. ¿Quieres tú más de Él?


¡Cuán maravilloso es Dios! Tiene el deseo de darnos todo lo bueno. Quiere bendecirnos. Espera pacientemente a que le abramos la puerta para entrar a estar con nosotras. Estando con Él, nuestro corazón desea todo lo que Él tiene y soltamos aquello que no conviene. Al final, no se puede considerar un sacrifico. Es un deleite. 

jueves, 2 de octubre de 2014

HABLANDO CON LÁGRIMAS

Por diferentes motivos lloramos. A veces por alegría y a veces por tristeza, otras por enojo o frustración. En momentos de mucha dificultad, yo me había preguntado si Dios veía mis lágrimas. Me sentía sola y hasta convencida que nadie me entendía.
Alguien quien pasó algo similar fue el rey Ezequías. Este hombre había tenido una gran victoria cuando el pueblo de Asiria había venido en contra de Israel. Fue triunfador porque se rindió por completo al Señor. Sin embargo, poco después  se encontró ante una situación personal que le afligió en gran manera.
Estando enfermo recibió la vista del profeta Isaías. “El profeta Isaías hijo de Amoz fue a verlo y le dijo: «Así dice el Señor: “Pon tu casa en orden, porque vas a morir; no te recuperarás.” »” ¿Cómo se ha de sentir uno al recibir semejante noticia? Esta no era la época del ultrasonido o las pruebas de laboratorio. El aviso no lo recibía de un médico de bata blanca, sino de Dios mismo.
“Ezequías volvió el rostro hacia la pared y le rogó al Señor: «Recuerda, Señor, que yo me he conducido delante de ti con lealtad y con un corazón íntegro, y que he hecho lo que te agrada.» Y Ezequías lloró amargamente.” Él expresó a Dios quién era, pero me da la impresión que esas palabras eran más bien para él mismo. Dios sabía perfectamente quién era él, al igual que nos conoce a ti y a mí aún mejor que nosotros mismos. Sin embargo, algo fluyó del corazón de Ezequías que luego no encontró más que lágrimas para expresarse.” Y Ezequías lloró amargamente.” El rey no expresó en palabras el anhelo de su corazón. No le dijo, “Señor, no quiero morir.” Simplemente lloró.
Un estudio reciente es muy interesante. Descubrieron que las lágrimas tienen una constitución diferente de acuerdo con la situación en la cual fueron producidas. Rose-Lynn Fisher estudió más de 100 tipos de lágrimas diferentes y descubrió que las lágrimas de risa no se parecen para nada a las lágrimas de dolor. Las lágrimas basáles ( aquellas que fabrica nuestro cuerpo para lubricar el ojo) son drásticamente diferentes a las lágrimas que producimos cuando cortamos cebolla.

Aunque Ezequías no expresó en palabras lo que había en su corazón, derramó sus lágrimas y Dios respondió: “Entonces la palabra del Señor vino a Isaías: «Ve y dile a Ezequías que así dice el Señor, Dios de su antepasado David: “He escuchado tu oración y he visto tus lágrimas; voy a darte quince años más de vida. Y a ti y a esta ciudad los libraré de caer en manos del rey de Asiria. Yo defenderé esta ciudad.” ¡Dios supo lo que había en su corazón! Y tomó decisiones acordes por amor a él.
Al igual que yo, ¿alguna vez te preguntaste si Dios comprende tus lágrimas? Hoy comprendo que sí. Nada le es escondido – ni lo más profundo de tu ser. Cuando derramas lágrimas, él está escuchando tu corazón. Él responderá como el Padre y Amado que es.

Porque su ira es sólo por un momento,
pero su favor es por toda una vida;
el llanto puede durar toda la noche,
pero a la mañana vendrá el grito de alegría.

Salmos 30:5

martes, 30 de septiembre de 2014

ACERCÁNDOME


Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo.
Juan 17:18
Jesús nos manda al mundo de la misma manera en que Su padre le envió aquí. Para saber cómo Él nos envía, debemos comprender Su propósito en la tierra.

¿Qué hizo Jesús aquí?
Sanó
Restauró
Liberó
Enseñó
Discípuló
Murió
Y venció.

¡Qué gran ejemplo nos da nuestro Maestro! Haremos todo lo que Él hizo, y mayores cosas aún (Juan 14:12). ¿Alguna cosa te será imposible? Tenemos que  entender que nuestros motivos deben ser los mismos. Todo lo que Jesús hizo fue a favor de otros. ¿Cuáles motivos te mueven hoy?

Nada es más importante para Dios que la gente. Para nosotros debe ser así también. Nuestro corazón debe romperse por lo que rompe el corazón de Dios. Juan 3:16 aclara que “de tal manera amó Dios al mundo,” que dio Su único Hijo por nosotros. No dice que Él tanto amó a la iglesia, ni a ti ni a mí, sino al mundo. La pasión de Dios es aquel quien no le conoce. Quiere salvar, restaurar y bendecir a cada uno porque ama a todos sin excepción. No podemos ser hijos victoriosos y llenos de Su poder si no amamos al prójimo.

Lucas 10 nos cuenta de un hombre quien estuvo tendido en el suelo, herido y necesitado. Los que pasaron de largo no fueron personas malas. Simplemente estaban demasiado ocupados. Iban camino a su siguiente reunión o evento religioso, y ayudar a este hombre exigía tiempo y esfuerzo. ¡Cuán a menudo somos así! Nos enfocamos tanto en lo que hacemos que nos olvidamos de quienes somos.

El samaritano, quien también tenía mucho por hacer, “viéndolo, se compadeció de él. Se acercó,” le curó y le hizo atender. Este hombre tuvo que dejar de lado las otras cosas, y acercarse. No había, y no hay, otra forma de hacer el propósito del Padre.

Jesús se acercó a nosotros. Dejó el cielo y vino a la tierra, para que la tierra pueda llegar al cielo. El samaritano tuvo que acercarse para poder ayudar. ¿Dónde estás tú hoy? ¿Estás camino a tu siguiente evento o reunión? ¿Estás dispuesto a dejar tu agenda para cumplir la de Dios? Acércate y haz Su voluntad. 

AMAR Y BENDECIR

Si vivimos, nos relacionamos con las personas. Nadie se escapa de eso. Lo más difícil muchas veces es el buen relacionamiento con los demás. Hay tanta riqueza de personalidad, carácter, educación y cultura que a veces parece imposible entender a la gente.

¿Quién no ha tenido alguna vez un roce con alguien? ¿Alguien puede decir que en toda su vida nunca tuvo problemas con nadie? No lo creo. En el trabajo, en la casa, manejando por la calle y en cualquier parte nos topamos con personas que a menudo nos inspiran a hacernos preguntas difíciles – ¡y hasta a decir lo que no deberíamos!

A pesar de la dificultad que traen las relaciones, es justamente por ellas que vamos a responder ante Dios. No nos va a preguntar cuánto acumulamos en la cuenta bancaria, sino en cómo usamos lo que Él nos dio para bendecir a otros. No nos dará palmadas en la espalda en comprensión por la persecución que sufrimos. Evaluará si, aún en medio de ella, amamos a nuestros enemigos. No nos felicitará por juzgar o criticar a otros, sino por levantarlos y alentarlos siempre. Cada situación que vivimos, Él lo permite. Cada situación es una oportunidad para mejorar las relaciones y para perfeccionarnos.

¿Cómo, entonces, podemos ser hijos e hijas de Dios, ejemplares en nuestro trato con los demás? Salmos 32: 7 nos promete lo que necesitamos: Tú me dijiste: “Yo te voy a instruir; te voy a enseñar cómo debes portarte. Voy a darte buenos consejos y a cuidar siempre de ti.” Nuestro Papá nos enseña a través de Su Palabra cómo actuar. Necesitamos leerla y practicarla. 

Quizás me digas ahora, “Más fácil es decirlo que hacerlo” y tendrás toda la razón. Nunca nada de valor fue fácil de conseguir. Implica trabajo y sacrificio. Implica morir.

Dios nos exhorta a morir. Juan 12:24 nos explica el por qué: “Ustedes saben que el grano de trigo no produce nada, a menos que caiga en la tierra y muera. Y si muere, da una cosecha abundante.No podemos ver fruto en nuestra vida mientras siga viva nuestra voluntad. Es nuestro deseo lo que nos llevará a la pelea y la discusión. Nuestra voluntad hará que queramos imponer nuestra forma de pensar. Nuestro carácter nos impulsará a criticar y juzgar. Y todo eso matará a nuestras relaciones. Morir es dejar al otro avanzar en nuestro lugar. Es estar dispuesto a hacer menguar nuestros anhelos y pensamientos para los del otro. Es pedir perdón aún cuando no tenemos la culpa. Es buscar la paz en todo tiempo aunque seamos quién tenga que pagar el precio por ello.

Suena ridículo para la lógica humana. Según los preceptos del mundo, el éxito es acumular y ganar, sin importar el costo. Dios nos enseña que el verdadero tesoro se consigue con un alto precio: el yo.

Muchas personas me han criticado en la vida. He sido perseguida y desechada, abandonada y maldecida; pero en el Señor todo ha sido resuelto porque morí y Él vive en mí. Al morir he podido hacer lo que parece ser lo más difícil de todo: amar y bendecir. Te animo hoy a que entregues a Dios las relaciones que te cuestan. No intentes cambiar a las personas, ni los juzgues. Guarda tus palabras, y ámalos. Deja que Dios haga Su obra en ellos y tú guarda tu corazón. Que en el día de mañana Dios apruebe tu actitud y que ellos le hayan visto a Él en ti.


“Amen a los demás con sinceridad. Rechacen todo lo que sea malo, y no se aparten de lo que sea bueno. Ámense unos a otros como hermanos, y respétense siempre.” Romanos 12:9

lunes, 29 de septiembre de 2014

VERDADERO AMOR


La palabra “depresión” viene del latín depressio, que significa ‘opresión’, ‘encogimiento’ o ‘abatimiento’.  Es algo que afecta a cada vez más personas. El origen y el tratamiento de lo que hoy no es considerado una condición sino una enfermedad es compleja.

Hubo un tiempo en mi vida en el cual luché en contra de ese mal. Las circunstancias en las cuales vivía eran muy difíciles y en mi mente acontecía guerra todos los días. Es llamativo que exteriormente puede parecer que todo está bien ¡mientras en la mente y el corazón puede estar pasando la Tercera Guerra Mundial!  Mi estado interior llegó a afectar mi salud física y emocional, y esto aconteció durante años. Si bien no llegué a un estado de depresión profunda, fue por la gracia de Dios. Y fue por Él que pude salir de ese pozo y ser restaurada.

1 Pedro 1: 2 nos enseña: “Dios Padre los conocía y los eligió desde hace mucho tiempo, y su Espíritu los ha hecho santos. Como resultado, ustedes lo obedecieron y fueron limpiados por la sangre de Jesucristo. Gracia y paz os sean multiplicadas.” El bajo autoestima desaparece al entender esas palabras. Las mentiras del diablo, las palabras de maldición de otros y los efectos del maltrato tambalean ante el amor de Cristo.

¡Dios te ama! Desde hace mucho, mucho tiempo te ha amado. Él deliberadamente te escogió. En otras palabras, no había nada que Él no haría por estar contigo. ¡Vales tanto! Necesitas entender que lo que Jesús hizo en la cruz no fue al azar. No se entregó pensando “Bueno, hare esto para que unos cuantos entren al cielo. Y lo que no…bueno, ¿qué se va a hacer?” ¡No!  Lo hizo porque nos ama y Su voluntad es que ninguno se pierda. Murió de la manera más cruel no porque debía sino porque quería; bajó a las profundidades del infierno, tomó las llaves y volvió a la vida. Literalmente se levantó de entre los muertos. ¿Lo hizo por la gloria? No. Toda la Gloria siempre perteneció solamente a Él. ¿Lo hizo por buscar la fama? Innecesario. ?Dinero? Ridiculo. Lo hizo por amor a ti. Murió y rescucitó para estar contigo por siempre. ¡Eso es amor!

Ya no te hundas en la depresión. Deja de sentirte sin valor. Dios te escogió hace mucho tiempo – aún antes de ser físicamente concebido en el vientre de tu madre, fuiste concebido en el corazón de Dios. Él te ha estado esperando. !Tu valor es incalculable! Ya no digas que nadie te ama. Es la farsa más grande del diablo. Él más que nadie sabe que Jesús te ama. Estuvo ahí cuando murió y fue vencido cuando resucitó. ¡Ya no creas sus mentiras!

El amor de Dios por ti es sin límite. Es lo que siempre has anhelado. Te animo hoy a simplemente recibirlo. Si has fallado o pecado, pidele perdón. Él es feliz de perdonarte porque quiere hacerte libre y anhela estar contigo.  Si luchas con la tristeza y el dolor, si te lastimaron o has sido abusado, deja que este mensaje haga raíz en tu corazón. Dios no ama como la gente ama. Su amor es incondicional. Esto quiere decir que nada hará que te deje de amar. Nada.


Acéptalo. Abrázale. Confía en Él. A medida que le permites cortejar tu corazón, descubrirás el verdadero amor.