martes, 17 de noviembre de 2015

ASUNTOS PENDIENTES


 Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: “Mujer, quedas libre de tu enfermedad.” Y en el mismo instante en que Jesús puso las manos sobre ella, la mujer se enderezó y comenzó a glorificar a Dios.
Lucas 13:12,13

Dieciocho años es mucho tiempo. En ese tiempo, un bebé se convierte en un hombre, grandes proyectos se realizan y muchos cambios ocurren. Para la mujer de Lucas 13 fueron dieciocho años de dolor y rechazo. Durante todos esos años ella había sido encorvada, afligida por un espíritu de enfermedad.

¿Espíritu de enfermedad? Escucho tu pregunta. Sí, ella fue afligida, no poseída, por un espíritu. Sin embargo, esta mujer ¿dónde estaba? Estaba en el templo. Ella no puso excusas ni pretextos para no ir a la casa de Dios. “Me siento cansada”, “Hace mucho calor y en la iglesia no hay aire acondicionado”, “No me gusta el grupo de alabanza que va a tocar hoy”. Ella no era así. A pesar de su dificultad y dolor, ella iba al estudio bíblico. ¡Necesitamos comprender que estar en la casa de Dios es un privilegio y no dejar pasar ni una oportunidad de estar ahí!

Llamativo es que esta mujer, quien asistía al templo, era atacada y durante tanto tiempo por un espíritu maligno. Hay quienes dicen que el diablo no puede tocar a un hijo u una hija de Dios. Mentira. Él es como león rugiente que anda buscando a quien devorar. Si bien no puede evitar tu entrada al cielo, hará todo lo posible para que sufras antes de llegar ahí. Cada día tomamos nuestra cruz. En otras palabras, cada día me examino, muero y soy libre. Un día que dejo de hacerlo es un día que abro una puerta al enemigo.

¿Cuál es nuestra actitud ante una persona quien dentro de la iglesia resulta sufrir influencia o hasta posesión por el enemigo? ¿Los vemos como “pecadores ejemplares”? Esto fue la actitud del principal de la sinagoga. Él solo vio la transgresión a la Ley (que en realidad no lo fue) y no valoró a la persona de la mujer. Tampoco comprendió la responsabilidad que Dios había puesto en sus manos, que no era la de imponer la Ley, sino la de amar y cuidar a Sus ovejas.  La actitud de Jesús es la que debemos de tener.

Él la miró y la tuvo compasión. Vio su dolor y su corazón se conmovió. La llamó y la hizo libre. En el mismo instante ella se enderezó y comenzó a glorificar a Dios. ¡Imagina cuán gran cambio para ella! Años en un estado deplorable, y con un toque del Maestro todo cambió. Así es nuestra realidad también. No sé cuántos años te llevó llegar a recibir Su toque sanador, pero sé sin falta que antes de eso, tanto tú como yo andábamos dolidas, enfermas y afligidas. ¿Acaso hay paz fuera de Cristo? Sin embargo, un día llegó su poder a nuestra vida, y todo cambió.

A veces nos sentimos como esta mujer. Tenemos muchos asuntos pendientes y quizás nadie, ni nuestros líderes religiosas, se dan cuenta. Quizás hasta vemos que a ellos no le importamos. Quiero decirte que la actitud de otros hacia ti no define quien eres. Quien te conoce, te ama y te establece es Jesús. El mismo quien enderezó a esa mujer, te quiere tocar hoy. ¡Te ama con pasión! Quiere cortar en tu vida toda influencia maligna, quiere sanarte y quiere llenarte de gozo. Él te defiende y te guarda. No se olvidó de ti. Llévale hoy de nuevo tu corazón y deja que Él trate con los asuntos pendientes de tu vida.

El Señor está en medio de ti, y te salvará con su poder; por ti se regocijará y se alegrará; por amor guardará silencio, y con cánticos se regocijará por ti.

Sofonías 3:17

lunes, 16 de noviembre de 2015

UNA MUJER MAYOR


No importa a qué te dediques o si tienes o no estudios y preparación. Si has estado en el camino del Señor por un tiempo, eres una mujer mayor.

Epere. No se moleste. Ese tema de ser “mayor” a las chicas no nos gusta hoy porque sabemos bien que la sociedad en que vivimos es orientada hacia la juventud y la belleza física. Pongamos las cosas en perspectiva.

No vivimos según las reglas del mundo. Los sistemas de esta sociedad no nos rigen. Es la Palabra de Dios lo que nos guía; y en ella está escrita que tu valor se encuentra en Cristo, no en tus medidas; en tu obediencia, no en tus capacidades; y en tu relación con Él antes que en una relación con otro.

Cuando estas cerca del Dios Vivo, Él te infunde vida (Juan 10:10). Te enseña (Romanos 15:4) y te guía (Salmos 119:133). Hace que todas las cosas obren para bien (Romanos 8:28), reconfirma tu identidad (Romanos 8:37) y te llena de amor (Romanos 5). En términos sencillos, te transforma.


¿Has sido transformada por Dios? Entonces eres una mujer mayor. Tienes mucho que dar. Dios es claro: “Esas mujeres mayores tienen que instruir a las más jóvenes” (Tito 3: 4). Tú, quien tienes tanto para dar ¿Qué estás esperando para hacerlo?

sábado, 14 de noviembre de 2015

LA FUNCIÓN DEL PASADO


Los que confían en el Señor están seguros como el monte Sión; no serán vencidos, sino que permanecerán para siempre.
Salmos 125:1

Cuando no comprendemos el valor de aquello que nos sucedió, fácilmente se convierte en un ancla. Hay personas quienes corren tanto del pasado que no pueden tomar un paso hacia delante. No subestimo lo terrible que puede haber sido lo que viviste. Le estoy diciendo que si ya pasó, ya no tiene por qué impedir tu avance, a no ser que tú lo permitas.

¿Qué haces cuando las dificultades de la vida te llevan al fondo del pozo? ¿Cómo sigues adelante cuando terminas en cero? A menudo creemos que nuestro fracaso es tan terrible o nuestra debilidad tan agobiante, que no somos dignos de seguir adelante y mucho menos de triunfar. Esto es mentira.

El que cree en Dios es fuerte y firme, no por mérito propio sino por Quién le sostiene. El hijo de Dios no tiene una vida más fácil; pero tiene la victoria asegurada si permite que las luchas y aún los fracasos le impulsen hacia delante. Vivimos Romanos 8:28 porque todo nos ayuda a bien. Las circunstancias pasadas y las experiencias vividas pueden ser dolorosas pero cuando se lo permitimos a Dios, Él todo lo usa para bendición.

Es crucial comprender que en la vida hay estaciones. No me refiero a las etapas naturales de la vida humana – la niñez, la adolescencia, etc. – sino a periodos establecidos de manera personal en nuestro caminar. Algunas de estas estaciones pueden ser muy difíciles. Necesitamos identificar esas etapas y, a pesar de la dificultad, gozarnos en ellas. Cada una trae crecimiento y victoria, a pesar de las luchas que pueden conllevar.

Al observar la vida de José vemos que él vivió estaciones. En la primera fue un muchacho soñador en la casa de su padre. Ahí fue criticado y odiado y, a causa de los celos de sus hermanos, vendido y llevado a Egipto. Luego llegó la etapa de la de la casa de Potifar, donde sufrió acoso y calumnia; y la de la cárcel, en la que mostró sus talentos pero fue olvidado. La siguiente estación corresponde al palacio. Reivindicado, sirvió como el segundo en rango en todo el mundo conocido. Al final recibió a sus hermanos, los perdonó y fue reconciliado con su familia.

José dijo: “Ahora pues, no os entristezcáis ni os pese el haberme vendido aquí; pues para preservar vidas me envió Dios delante de vosotros.” Había madurado. Las estaciones que había pasado le habían moldeado hasta ser un hombre entendido en los tiempos de Dios. Al mirar la vida de José, uno ve tanto dolor. La mayor parte de las estaciones que vivió no fueron fáciles; sin embargo, cada una cumplió una función en su corazón. Fue moldeado y transformado por Dios a través de lo que vivió. Si no había pasado por esas estaciones ¿habría estado preparado para gobernar a Egipto?

Dios no desea cosas pequeñas para Sus hijos. Él es extraordinario y todo lo que hace también lo es. ¿Por qué no ves que eso te incluye a ti? Él es ilimitado y siempre da más de lo que le pedimos. Quien pone límites a lo que hace somos tú y yo. Jeremías 29:11 aclara que el Señor nos dará el fin que esperamos. ¿Qué estas esperando? Espera cosas grandes y prepárate porque Él te dará aún más. Sin embargo, entienda también que las estaciones son como escalones. Nos ayudan a subir a nuevos niveles si pasamos la prueba que traen. Existe un costo a pagar, lo cual nunca será fácil. Aún así, valdrá la pena.

El pasado tiene una función: la de ser tu trampolín. Has sido creado para grandes cosas. No permitas que lo que te haya sucedido te mantenga donde estas hoy. Perdone, suelte y sea libre. Mira al pasado en los ojos, dale gracias por lo que te enseñó y despídete. Es tiempo de avanzar. 

viernes, 13 de noviembre de 2015

LA MEJOR OFRENDA


“¿Por qué estas enojado? ¿Por qué ha decaído tu semblante? Si haces lo bueno, ¿acaso no serás enaltecido? Pero, si no lo haces, el pecado está listo para dominarte. Sin embargo, su deseo lo llevará a ti, y tú lo dominarás.”
Génesis 4:6, 7 (RVC)


Caín había traído al Señor una ofrenda. Sin embargo, esa ofrenda no cumplía con los requisitos  de Dios. Los sacrificios para el Señor debían derramar sangre. Esto representaba a Aquel quien, en sacrificio perfecto, después vendría a derramar Su preciosa sangre por nosotros. Cuando Caín trajo su ofrenda de fruto de la tierra, al Señor él estaba diciendo, “Esto lo haré a mi manera”; y así no es cómo funciona.

A menudo hacemos lo mismo. Queremos decirle, “Así es como quiero. Así lo haré”. Nuestro Padre siempre sabe qué es mejor para nosotros. Nos pide obediencia porque Él sabe qué nos conviene. Nuestra vida, nuestras decisiones, nuestro caminar no serán efectivos mientras solo esté conforme a nuestros preceptos.

El mundo de hoy enseña que cada uno construye su propia verdad. ¡Mentira! Con esa misma mentira el diablo le engañó a Eva, diciéndole que ella podía escoger qué hacer sin enfrentar las consecuencias. Desmintió lo que había dicho el Señor. Existe una sola Verdad y lo encontrarás desde Génesis 1 hasta Apocalipsis 22. Nosotros debemos ajustarnos a esa Verdad, sin querer doblarla para que cumpla con nuestros preceptos. De lo contrario, nosotros debemos ir moldeándonos conforme a ella. La Palabra de Dios es viva y eficaz. Trae renovación, restauración y transformación -  si lo permites. Exige un corazón sincero hacer eso.  Salmos 19: 7 dice “La ley del Señor es perfecta: reanima al alma.” La Palabra de Dios es Su ley y no nos aplasta, nos levanta; no nos oprime, nos liberta; no limita sino otorga.

Las palabras de Dios a Caín nos enseñan muchas cosas.  Es llamativo que Él, quien sabía exactamente qué le pasaba a Caín, se refiere a su expresión externa: “¿Por qué  te ves así?” ¿Qué demuestra tu semblante hoy? Tu rostro, la manera en la que caminas, tus ojos, ¿qué dicen acerca de tu corazón? Decimos ser la iglesia victoriosa ¿pero eso lo demostramos? Es una cosa decirlo, y completamente otra serlo.

La actitud de Caín demostró que él no tenía un corazón sano. Cuando Dios rechazó su ofrenda, lo tomó de manera personal. Se sintió rechazado como persona. Dios había rechazado su ofrenda, no a él. He visto vez tras vez como personas hacen lo mismo.  Cuando algo no sale como quieren, o cuando reciben un “No” cuando querían un “Sí”, lo toman al pecho y se ofenden. Exige madurez e humildad comprender que las circunstancias no define quién uno es.

Caín tuvo una elección. El Señor le aclara que si escoge lo bueno él sería enaltecido; y que si no escoge lo bueno, “el pecado está listo para dominarte”. Dios se refería a la actitud del corazón de Caín. Le estaba diciendo que si no corregía esa actitud, las puertas hacia el pecado se abrirían. La NTV lo expresa claramente: “¡ten cuidado! El pecado está a la puerta, al acecho y ansioso por controlarte, pero tú debes dominarlo y ser su amo.” Dios le alienta a Caín, diciéndole “Aunque este momento es crucial y debes decidir, Yo sé que  puedes vencer.”  


Caín no se corrigió y tal como Dios le había advertido, el pecado lo dominó. La  condición de su corazón lo llevó a cometer el primer asesinato de la historia. ¡Cuán importante es la actitud! Cómo decides responder ante una situación definirá lo que después vendrá. ¿Cuál es la ofrenda de tu corazón hoy? Escoge lo bueno. Escoge obedecer

Tú puedes vencer.

jueves, 12 de noviembre de 2015

FUERTE TODAVIA

Dios nos desafía constantemente a seguir Sus preceptos y no los del mundo. Esto no es solo en un sentido espiritual. En lo práctico de la vida también Él quiere que seamos guiados por Su Palabra y que nuestra forma de pensar sea sustituida por la Suya. Esto es un desafío directo a nuestra forma de vivir. Estamos obligados a examinarnos, sin excusas, y ajustar o directamente sustituir lo que hemos adquirido por lo que Él nos quiere dar.

Lastimosamente muchas personas creen que los años de la juventud nos son dados para crecer, prosperar y avanzar; pero que cuando llegamos a los cuarenta, todo es cuesta para abajo. Pregunto ¿de dónde sacan esa idea? Tantas veces en mi vida he escuchado las palabras, “Los jóvenes son el futuro.” ¡Qué mentira tan grande! El futuro pertenece a quien respira; y mientras sigamos respirando tendremos qué hacer y responsabilidad por ello. Pensar que a cierta edad puedes descansar es conformarte con menos que todo.

La responsabilidad por nuestra generación no se acaba hasta el día que muramos. Querer pasar la responsabilidad por el futuro a la generación que nos sigue, es buscar una excusa barata por la pereza. Mientras esté viva, seguiré aprendiendo, sirviendo y adorando. Decido aplicarme para dejar un estándar tan alto que los que siguen tengan que esforzarse para superarme. Entonces habré servido bien a la generación que viene detrás.

Dios tiene un plan para tu vida, y en ninguna parte de la Biblia afirma que ese plan mengua porque alcanzas cierta edad. De lo contrario, a mayor entendimiento mayor desafío, mayor responsabilidad y mayor logro. ¿Cómo alcanzaremos la plenitud de Su voluntad si ponemos excusas y pretextos?

Caleb había recibido una promesa de parte de Dios a través de Moisés. A los cuarenta años había sido enviado a espiar la Tierra Prometida y había traído un informe positivo. Dijo Caleb a Josué, cuarenta y cinco años después de eso: “…y yo le traje noticias como lo sentía en mi corazón. Y mis hermanos, los que habían subido conmigo, hicieron desfallecer el corazón del pueblo; pero yo cumplí siguiendo a Jehová mi Dios.” Caleb era un hombre fiel a Dios. Había caminado toda su vida de la mano de su Padre, y esto se veía en cómo vivía y obraba. No podemos pretender alcanzar cosas extraordinarias si operamos con nuestras fuerzas. Solo podremos hacerlo si, al igual que Caleb,  seguimos a Jehová nuestro Dios.

En el momento en que Josué y Caleb están teniendo esa conversación, los dos están pisando la Tierra Prometida. Caleb está recordando la promesa a pesar de que han pasado décadas. Le dice a Josué así: “Entonces Moisés juró diciendo: Ciertamente la tierra que holló tu pie será para ti, y para tus hijos en herencia perpetua, por cuanto cumpliste siguiendo a Jehová mi Dios.” Él no se había olvidado. ¡Esa promesa seguía ardiendo en su corazón, y él sabía que se tenía que cumplir! ¿Cuál es la promesa que Dios ha hecho a tu corazón? Debes saber que esa promesa se cumplirá y que no está sujeta al tiempo de este mundo sino al tiempo perfecto de Dios.

A los ochenta y cinco años dijo Caleb a Josué: Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar. Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día…” Él seguía siendo tan fuerte como antes. Por favor, note que él lo sabe y lo declara. Sus fuerzas no han menguado. Se siente fuerte porque sabe de dónde viene su fortaleza. ¿De dónde viene tu potencia? Si has estado pensando que tus fuerzas se acaban ¿será porque no estás dependiendo de Quien sostiene en todo tiempo?


No importa la edad que tengas o la situación que estés viviendo, Dios tiene cosas maravillosas preparadas para ti. Avance con fe y reciba de Él ese monte. 

*Este artículo fue publicado en la Revista SomosUno en el año 2014. La foto es de Rafael Gomez.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

VALOR PROPIO

Mientras Jesús decía esto, una mujer de entre la multitud levantó la voz y dijo: “¡Dichoso el vientre que te dio a luz, y los senos que te amamantaron!” Jesús respondió: “Más bien, dichosos los que escuchan la Palabra de Dios, y la obedecen.”
Lucas 11:27 y 28

Jesús estaba enseñando por todas partes. Ya era renombrado entre la gente por Sus enseñanzas y por los milagros que hacía. Un día, en medio de la multitud, una mujer levanta la voz y dice “¡Dichoso el vientre que te dio a luz, y los senos que te amamantaron!” Estas palabras, pronunciadas ante mucha gente, pueden parecer hasta groseras. ¿Cómo habrá reaccionado la gente cuando oyeron lo que dijo? ¿Será que sus palabras causaron timidez en alguno?

En el contexto cultural de la época, dicha mujer estaba expresando mucho más que un simple pensamiento. En ese tiempo, el valor de una mujer yacía en los hijos que tuviera. Si una mujer no tenía hijos, era considerada sin valor. Si tenía hijos, si estos eran ejemplares, ella era enaltecida. Lo que esta mujer decía con sus palabras era “¡Eres admirable! Tu mamá es honrada por quien eres Tú. Quisiera lo mismo.”

No sé cuál podrá haber sido la situación de ella ni de su familia. Quizás había sufrido a causa de sus hijos; tal vez simplemente admiraba mucho a Jesús y reconocía Su señorío; o podría ser que no tenía hijos. No tenemos forma de saberlo. Esto sí: ella medía su valor según las normas de la época. Para ella, su valor era fijado por cosas externas. No entendía que su valor no era establecido por lo que ella hacía o no, sino por lo que haría Quien estaba parado frente a ella.

Muchas mujeres creen que un hombre las hará completas. Otras buscan la realización personal que anhelan en cosas materiales y logros personales. Es lo mismo que esa mujer le expresaba a Jesús. Cambia las letras nada más:
“¡Dichosa la mujer que tenga un esposo como aquel!”
“¡Dichosa la que tenga un cuerpo con esas medidas!”
“¡Dichosa la que tenga ese auto/esa casa/esa familia/un novio!” (Puedes agregar cuantas cosas quieras ahí).

Hoy muchas mujeres siguen buscando su valor en lo que hacen: el trabajo, el sueldo, los hijos, la familia perfecta, la casa, la carrera profesional, el autoimagen y muchas cosas más. Aunque todo esto puede ser importante, no nos otorga ni nos resta valor como persona. ¿Qué es importante según nuestra cultura? Mirando los medios, pareciera que una mujer debe tener cierta figura, vestirse de cierta manera, poseer ciertos bienes y alcanzar ciertas cosas. ¡Nada de esto es acertado! Nos quieren hacer creer que para ser alguien debemos seguir modelos que nos imponen. Esto es mentira. Solo debes ser tú. Y solo necesitas a Cristo. 

Siempre queremos más. Pensamos que si tan solo podamos tener ese algo entonces todo estará bien. No es así. Mientras busquemos nuestro valor en cosas externas u otras personas, seguiremos sintiéndonos sin valor. Si nuestro valor dependiera de lo que hacemos o tenemos, ¡algunas estaríamos muy mal! ¡Qué bueno que Dios no nos mide como el mundo lo hace! A Él no le impresiona cosas superfluas. Al Señor le impacta tu corazón. Nuestro valor está en Cristo. Antes de tener un trabajo, aún sin familia y aunque no tengamos un ministerio u dinero abundante tenemos valor – no por lo que hacemos, y mucho menos por lo que tenemos. Es por quien es Él y por lo que Él ha hecho.

Jesús le aclaró a esa mujer que los que obedecen Su Palabra son verdaderamente dichosos. La Palabra nos llama a entregarnos a Él, a vivir por Él y a descansar en Él. No nos empuja a tener más ni a ser “alguien”, sino a estar cada día más cerca de Él. La Biblia nos enseña que todos los que están cerca de Él son exitosos.


Si tu valor dependiera de lo que haces, sería muy inestable. Es porque se encuentra en Cristo que es inquebrantable. Todo puede fallar. Lo pasajero desaparecerá. Cristo permanece por siempre.

martes, 10 de noviembre de 2015

ANTE EL SALVADOR

Si en el segundo encuentro de Pedro con Jesús la pesca abundante haya sido el único milagro, sería una excelente muestra del poder de Jesús en acción. Pero sucede otro milagro, uno que está escondido detrás del primero o por lo menos, después. 

En el primer encuentro entre estos dos hombres Jesús había visto a Pedro por quién es en Él; pero ahora Pedro ve a Jesús por quien realmente es. Repentinamente el velo cae de sus ojos y comprende que este Mesías es quien gobierna, no los romanos. Por un instante contempla la majestad de quien está frente a él y su reacción revela nuestra única posible respuesta ante el Rey: “Viendo esto Simón Pedro, se postró delante de Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.” Es la misma actitud de Isaías cuando dijo, “¡Ay de mi! Que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios…han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.” Ante la majestuosidad y el poder del Señor, contemplamos nuestra vergüenza. Al ver tan solo parte de Su grandeza, comprendemos nuestra imperfección. Pedro se humilla, física y espiritualmente ante Jesús y reconoce la verdad: es un hombre pecador de rodillas ante el Salvador.

Jesús busca revelarse al corazón de manera personal e íntima. Es muy llamativo que Él no escoge un templo o tabernáculo, ni siquiera un palacio o una casa para tener este encuentro. Él elige la barca de Pedro – su medio de subsistencia, probablemente el lugar que conoce más que cualquier otro, para correr la cortina. Él no es un Dios lejano. Conoce tu realidad. No opera según normas, reglas o estructuras. Es real – tan real como el olor a pescado en esa barca.

A veces las mujeres pensamos que lo que hacemos es demasiado cotidiano como para interesarle a Dios. Miramos alrededor y observamos otras más preparadas, más cuidadas, más algo...y pensamos "¿Por qué se ha de interesar en mí?" Error. El Señor conoce tu realidad mejor que nadie y viene al encuentro ahí donde estas. No te pide ir hacia Él. Solo quiere que dispongas tu barca para ese encuentro.

Jesús mira a Pedro con ojos de amor. Aunque parece repetir lo que dijo en el primer encuentro, la diferencia es que ahora se dirige exclusivamente a su discípulo privilegiado. En aquella oportunidad, cuando había dado a Simón el nuevo nombre, había dicho a todos los que estaban ahí, “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.” En esta ocasión se dirige directamente a Pedro, postrado delante de Él, diciendo: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres.” Jesús comprende exactamente lo que está sucediendo dentro de Pedro. Sabe que este hombre se ha encontrado, no solamente con Él, sino también consigo mismo; y también sabe que es a partir de ese momento que realmente va a poder acudir al llamado y caminar hacia la plenitud que Cristo ya declaró.

El segundo encuentro de Pedro con Jesús es más personal que el primero. Ya ha tenido el encuentro con el Salvador, ahora ve a su Señor. Se postra delante de Él y reconoce su propia necesidad de Dios. ¿Has tenido este tipo de encuentro con Cristo? Quizás hayas dado tu corazón a Él, aceptándole como tu Único y Suficiente Salvador. Si no lo has hecho aún, te aliento a que antes de continuar entregues tu corazón a Él. Nunca más serás igual. (Abajo hay una sencilla oración que puedes decirle. Él te oirá y te salvará). Si ya has tomado ese paso ¡Aleluya!

Necesitamos comprender que estando dentro del redil de Dios, seguimos siendo transformadas por Su poder hasta el último día de nuestra vida. A partir de este suceso Pedro entra en la escuela de Cristo, en el cual su carácter es transformado, su conocimiento es ampliado y su fe es aumentado – todo esto a través de una variedad de experiencias y pruebas. Cuán importante es tener la predisposición para aprender. El espíritu enseñable nos permite avanzar y nos mantiene siempre en humildad. ¡Sea que tenemos diez, veinte o noventa años de edad, seguimos en proceso!

Pedro ha sido hallado y ha encontrado lo que buscaba. A los pies de Cristo comprende que esto es solo el comienzo de su historia. Ve un futuro abrirse ante ellos, en el cual se puede llegar a cumplir los sueños que le queman el corazón. Después de ese momento, Pedro se convierte en la sombra de Jesús. Vez tras vez él está en el centro de casi cada suceso, cada circunstancia. A veces florece su temperamento pero ahí está, avanzando con fuerza. Admiro la capacidad de Pedro de no perder nada. Comparte sus ideas, se lanza con fe ciega, responde a veces sin tener idea de lo correcto, pero jamás retrocede. Es un violento del Reino.


¿Qué quema tu corazón? ¿Cómo está tu proceso con el Señor? Comienza y termina en Él. Conviértete también en Su sombra. Búscale con fervor y tú también  serás pescador de hombres.

ORACIÓN DE ENTREGA:
Sí aún no aceptaste al Señor Jesús como tu Único y Suficiente Salvador, no esperes más. Aquí hay una sencilla oración que te puede guiar en este paso:

Señor Jesús, 
Reconozco que soy pecador. Te pido que me perdones y que entres a mi vida. Te entrego mi corazón.  Gracias por morir en la cruz y vencer a la muerte por mí. A partir de hoy eres mi Salvador y yo soy tuyo.
Amén

lunes, 9 de noviembre de 2015

ANTES DEL MILAGRO

Pedro ya había conocido a Jesús. Su hermano le había llevado junto al Maestro y éste le había reconocido como Cefas (Pedro). Luego de un tiempo sucede otro encuentro.

 Un día, Jesús estaba cerca del lago de Genesaret. Mucha gente le seguía y muy pronto se apiñaron alrededor Suyo. Pedro estaba ahí, limpiando las redes después de una larga noche sin fruto. Habían estado sobre las aguas toda la noche, tirando la red solo para verla devuelta vacía. Desilusión y cansancio: la peor combinación. Pedro y sus compañeros estaban acostumbrados a estar vendiendo a esta hora, pero esa mañana ahí estaban, limpiando las redes en silencio insatisfecho.

El trabajo del pescador es muy cansador. Además, ellos no tenían maquinarias ni tecnología. Solo tenían las redes, sus brazos y el aprendizaje de años de labor. Es probable que lo único que querían fuera ir a casa a desayunar y luego dormir. Jesús se acerca y le pide a Pedro que en su barca le sacara un poquito de la costa para poder enseñar a la gente. Con la afirmación de Pedro, su barca se convierte en una plataforma para el Maestro de los maestros.

Puedo imaginar a Pedro sentado ahí, cansado y molesto pero escuchando las Palabras de Jesús. La Biblia no nos cuenta sobre qué habló ¡pero lo más probable es que haya sido muy interesante! Lo que sucede a continuación cambiaría la vida del pescador por siempre. Jesús termina de hablar, se da la vuelta y le dice a Pedro, “Vamos a pescar.” Veo algo jocoso en esta parte de la historia. Tal vez haya cruzado por su mente pensamientos como “Esto tiene que ser una broma de mal gusto. ¿Pescar? ¿Ahora? Si en toda la noche ni un pez vimos; y encima ¿quién es el pescador aquí? ¿Él o yo?” Pedro sabe que Jesús sabe mucho, pero si hay algo de lo cual él sabe ¡es la pesca!

La respuesta de este discípulo, quien a menudo es interpretado como fuerte e independiente, revela un corazón humilde y obediente. Primero le responde a Jesús con la verdad: “Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado”. Luego consiente: “…más en Tu palabra echaré la red.” En otras palabras, “Porque tú me lo dices, lo haré.” Es la obediencia en su más pura expresión. “Sé cuál es la realidad porque lo vivo, pero creo en Ti y te obedeceré.” ¿Quién dijo que lo que Dios te pida tenga que tener sentido? Ante Su petición, tendrás que tomar una decisión. La obediencia nunca es una obligación sino una opción.

A menudo Jesús se nos acerca en nuestro peor momento. Cuando más bajos estamos, mayor es nuestra hambre de Él. A veces hace falta encontrar vacía la red. Trabajamos, nos esforzamos, lo intentamos vez tras vez y no funciona. Es por un motivo. Las redes vacías de Pedro preparaban el escenario para el milagro. Fue a través de su necesidad que Dios preparó su corazón, su mente y su cuerpo para recibir lo que Él tenía preparado.


Entonces echan las redes de nuevo. ¡Esta vez se llenan tanto que comienzan a romperse! Lo que pasaba iba en contra de toda lógica y ciencia. Los pescadores saben que de noche se pesca porque los peces suben a la superficie y que en el día bajan a las profundidades para evitar la luz y el calor del sol. Ahí estaban, con un sol radiante y la red rebosante. Dios obra como Él quiere, cuando quiere, donde quiere, con quien quiere. No hay límites a lo que Él puede hacer. Él no obedece las leyes, sino las mismas leyes le obedecen a Él. Las circunstancias de tu vida no limitan Su poder. El tiempo correcto para tu milagro es cuando Él lo diga. Las circunstancias podrán ser adversas, tu ánimo podrá estar abatido, pero Él hará. 

No te desanimes si has estado trabajando adruamente sin ver los resultados. Dios está preparando el escenario. Solo toma la decisión de obedecer, aunque lo que Él te pida no tenga sentido. El Dios de milagros está a tu favor.

domingo, 8 de noviembre de 2015

DE CONVERSIÓN A COMPROMISO

El primer encuentro entre Jesús y Pedro, es equivalente a su conversión. Es el encuentro con el Salvador. Jesús es el único camino a la salvación. Cuando tú o yo nos encontramos con Él, confesamos nuestros pecados y le pedimos que habite en nosotros, suceden cosas muy importantes. Somos libres del pasado y del pecado; y tenemos una nueva identidad. Cristo le reconoce a Pedro en dos maneras en ese primer encuentro: cómo Simón, hijo de Jonás (su identidad terrenal, conocida por todos); y como quién será (Pedro, la roca sobre la cual Él edificaría la iglesia). En este momento, muchas cosas Pedro no está entendiendo. Así es cuando venimos a Cristo. Muchas cosas no entendemos – sin embargo Él ya nos ve, no como quién hemos sido ni como somos en ese momento, sino como quién seremos en Él. Él sabe que hay un proceso por lo cual pasaremos; que seremos probados, enseñados y levantados por Su poder; y Él ya ve el final. Qué importante es que aprendamos a vernos a nosotros mismos como Él lo hace.

En este encuentro Jesús le ve a Pedro. Más adelante este realmente verá a Jesús. En este tiempo Pedro, Andrés y todos los otros discípulos quienes siguieron a Jesús (en un principio fueron muchos más que doce) interpretan el título de “Mesías” de una sola forma: Libertador en contra de los romanos. Están esperando; ansían que las profecías se cumplan en la persona de un defensor de su nación. Sus ojos están fijos en lo natural y es por eso que Pedro no ve a Jesús en lo espiritual. Aunque su visión está muy limitada, la de Jesús nunca lo es. Él ve en Pedro el campeón que sabe que es.

Después de este encuentro, Pedro sigue pescando, quizás menos que antes porque ahora pasa también tiempo con el Mesías. Había recibido el llamado: “Venid en pos de mí y yo os haré pescadores de hombres.” Esto fue dicho a muchas personas. En ese momento muchos son llamados y Jesús tiene muchos discípulos. Todavía no ha escogido a los doce. Puedo imaginar su intriga al preguntarse cuándo iba a tomar los primeros pasos en contra de los romanos, y su asombro al ver el poder de Cristo manifiesto en sanidad y liberación. Se habrá emocionado más de una vez al ver los milagros y prodigios de Jesús, pensando que esto era prueba de que los invasores no iban a poder en contra de Él.


Pero Dios tenía un plan. Él siempre tiene uno. No podemos decir por qué Jesús escogió específicamente a Pedro para ser la persona más cercana a Él mientras caminó en la tierra, pero basándome en 1 Samuel 16, me atrevo a decir que Él basó esa elección en lo que vio en su corazón. Esto me alienta muchísimo. Tanto me identifico con este hombre impulsivo, de carácter firme quien no una o dos veces, sino muchísimas veces metió la pata. Él no pensaba sino después de haber actuado, a menudo respondía preguntas sin saber la respuesta y estaba dispuesto a lanzarse por fe a cualquier lugar. Dios no necesita la perfección. Espera la disposición. No hay atributo que Él no pueda cambiar. Nada de lo que hay en ti podrá evitar que Él te use, a no ser tu decisión de no hacerlo.

sábado, 7 de noviembre de 2015

PESCA Y PROCESOS


Dios tiene Su manera de trabajar. No es igual a la nuestra. A menudo, Su forma de hacer las cosas parece ilógica. Aunque Él tiene el poder suficiente para hacer todo con un toque de Su dedo, escoge trabajar a través de procesos porque sabe que es mejor para nosotros. Es interesante ver cómo Dios trabaja en la vida de diferentes personajes bíblicos, pero creo que uno de los más impresionantes es el de Pedro: un obrero quien, a través de diversas experiencias se convirtió en lo que Jesús anunció sería: la roca sobre la cual edificaría la iglesia. Fue un hombre sencillo quien llegó a ser un predicador de las Buenas Nuevas para la conversión de miles.

 La vida de Simón Pedro nos enseña una lección tras otra. Una de las muchas lecciones que me ha enseñado y alentado es que Dios usó con tremendo poder la vida de un hombre quien era todo menos perfecto. ¿Qué no podrá hacer nuestro Dios? ¿A quién no podrá usar? Toma en Sus manos a este pescador, tosco e impetuoso, y sobre él edifica la iglesia. ¡Tú y yo, en Sus manos, somos imparables!
A menudo miramos a nosotros mismos y creemos que no tenemos lo que hace falta para lograr los sueños propuestos. Nos encontramos frente a limitaciones y dificultades que parecen ser demasiado grandes como para poder llegar a la meta. No somos tan diferentes que Pedro. Vez tras vez falló, respondía preguntas sin saber las respuestas y actuaba sin medir las consecuencias. Impulsivo, reacio y de voluntad fuerte, él tenía mucho que aprender. ¿Quién no?

El primer encuentro de Pedro con Jesús marcó su vida para siempre. Su hermano, Andrés, vino corriendo junto a él a decirle que había encontrado al Mesías. Estos hermanos conocían la Palabra y las profecías acerca del Mesías. Estaban esperando la llegada del Libertador. Las palabras de Andrés son tan directas y sencillas que sorprenden: “Le encontramos”. No “Encontramos quien dice ser” ni “Hallamos quien creemos es”. Es sencillo: Él es. ¿Será que su corazón sabía la verdad – que a quien iba a conocer iba a cambiar su vida? ¿Podría ser que confiaba tanto en su hermano que ni cuestionó lo que le dijo? ¿O será posible que él y su hermano, a pesar de ser hombres sencillos, esperaran con ansias el día de la llegada del Mesías? Estos detalles no podremos saber, pero si tenemos la palabras de Jesús al verlo a Simón.


Pedro va con su hermano Andrés y se encuentra con Jesús por primera vez. Antes de poder dirigir una palabra a Jesús, el Maestro le reconoce, diciendo, “Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir Pedro).” Dios sabe quién eres y de dónde vienes; y sabe también cuál es tu identidad en Él. Aunque sabe todo acerca de ti en lo natural, te considera quién serás en lo plenitud que Él planea para ti. Jesús te mira y ve una campeóna! 

Toma ánimo de tu Padre hoy. Él es quien te hizo, te conoce íntimamente y te ama. Sabe de tus flaquezas y está trabajando. Conoce tus luchas y dificultades, y te sostiene. Ve lo hermosa que eres y se emociona al estar cerca de ti. El Señor te levanta con Su mano de poder. Nada podrá impedir el cumplimiento de Sus planes en tu vida. Acércate a Él, llénate de Él y avanza con fe. Su proceso no ha terminado. Gloria a Él!

jueves, 5 de noviembre de 2015

DATE PRISA


El tiempo es muy importante para Dios. A pesar de que Él habita la eternidad, nos enseña a enumerar nuestros días. Es cierto que Dios tiene tiempos establecidos para todo. Las estaciones y las etapas de la vida, cada una con sus características, son ejemplos del ciclo natural. He aprendido acerca de las estaciones de Dios a través de los años. He vivido tiempos marcados por Él, y  cuando una etapa terminó lo supe. Lo pude sentir. Era el cambio de capítulo en el libro de mi vida.

El tiempo de Dios es siempre perfecto. En vano uno procura de apurarlo. Si no ha llegado, no importa qué hagas, las cosas no van a salir. Si es Su tiempo ¿qué hacemos? Él sabe perfectamente cómo deben ser las cosas para poder lograr Sus propósitos. Los problemas surgen cuando queremos que todo suceda a nuestro tiempo y a nuestra manera.

Dios llegó un día junto a un hombre llamado Lot para salvar a él y a su familia. Tenían que dejar las perversas ciudades de Sodoma y Gomorra porque Él las iba a destruir. Se había acabado una etapa de perversión y comenzaba una nueva. Pero el Señor quería algo. “Pero date prisa y corre a ella, porque yo no podre hacer nada hasta que llegues allá.” (Génesis 19:22)El Señor le dijo a Lot que se apresurara en llegar a Soar porque solamente así iba a seguir desarrollándose Su plan.

Tengo que preguntarme: ¿Estoy donde debo estar?  ¿Es este el lugar en donde Dios quiere que yo esté en este tiempo?  Si me aseguro de haber obedecido a Dios,  Él podrá seguir con lo que ha planeado.  Si me opongo o simplemente no me preocupo por obedecerle,  Sus planes perfectos esperarán hasta que lo que haga. 

Oramos:

Señor,  sé que tus planes siempre son mejores que los míos. Ayúdame a escucharte y a obedecerte;  Y que,  en todo tiempo,  esté yo donde Tú quieres que esté.

UNA MUJER DE VERDAD


            ¿Qué hace que una sea “una mujer de verdad”? ¿Quién establece los parámetros para nuestra evaluación? Solamente puedo mirar a la Palabra de Dios para descubrir de qué se trata.

            Durante años me había molestado el famoso capítulo 31 de Proverbios, por la sencilla razón que fija estándares tan altos que nos sentimos en falta siempre. Encontramos en esas líneas desafíos muy grandes y posiblemente faltas nuestras también. Ella se levanta de madrugada (quién no prefiere dormir), su familia es perfecta (la mía está lejos de algo parecido a la perfección) y administra todo como si fuera una corporación multinacional. ¿Dónde entro yo en todo eso? Estoy lejos de esa perfección.

            Mirando la historia de una mujer de la Biblia encuentro cosas muy interesantes acera de la “mujer de verdad”. Ella sufrió situaciones muy graves, tuvo que dejar de lado lo que anhelaba por obediencia, cumplió su propósito a pesar de que exigió un precio muy alto e impactó en su generación y en la historia de su nación. Esa mujer se llama Ester.

            Ella, como muchas mujeres hoy, no tenía un título o cargo de mucha autoridad. Su posición era reina porque era esposa del rey. Estaba expuesta  a muchas cosas pero en todo tenía que estar sujeta a su esposo, aún a cuestas de su vida. Ester vivió en Susa y estaba casada con el rey de Persia. Nosotras vivimos en el Siglo XXI. Si los hombres de hoy siguen pensando como el rey de hace tres mil años (me obedeces o morís) sería bastante triste. La mujer debe someterse a la autoridad del hombre, pero él no ha recibido autoridad para aplastar o lastimar.

            Aún así vemos que el rey favoreció a Ester. Bien la podría haber mandado matar, pero la recibió. Una mujer llena de la gracia de Dios encuentra favor en todo lugar y circunstancia. Y así fue con Ester. Ella supo comprender el papel que Dios quería que desenvolviera. No fue limitada por las circunstancias culturales u otras. Ella obedeció al Señor y llenó el lugar que Dios diseñó para ella.

            A menudo ponemos excusas a la hora de movernos. Es demasiado peligroso. Me van a criticar. No tengo lo que se necesita. Sin embargo, con Dios a nuestro lado somos mayoría. Aunque pases por el valle de la sombra de la muerte ¿por qué temer? ¡Él está contigo! Lo que la gente diga no define quién eres. Tu identidad se encuentra en Dios, y lo descubrirás en Su Palabra. Y nadie tiene lo que se necesita. ¡Eso es lo que hace de este viaje algo tan emocionante! A pesar de que no somos capaces, ganamos porque Aquel quien nos llama nos capacita y nos da la victoria.


            ¡No te desanimes, mujer! Dios no te pide la perfección. Sí, quiere tu entrega absoluta. Como Ester, entrando ante el rey sin saber cuál sería el resultado pero decidida en hacer Su perfecta voluntad, el Señor te pide que confíes en Él. Él camina contigo y no te soltará. Descubrirás que en Dios está todo lo que necesitas para ser una “mujer de verdad”.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

PARA UN MOMENTO COMO ESTE


            Mirando la parte superficial de la historia de Ester podría parecer un cuento de hadas. Era una sencilla doncella hebrea en Susa quien, con su impactante belleza ganó la atención del Rey y con su dulzura y carácter ganó su corazón. Un verdadero cuento Disney parece. Del pueblo al palacio. Todo lindo. Todo fácil. ¿Verdad? No. Lejos de fácil.

            Ester creció con dolor porque era huérfana. Vivió bajo el cuidado de Mardoqueo, su primo. Por el cuidado que ella recibió vemos que él la amó como a una hija; pero ella no tenía padres y esa pérdida le tenía que haber afectado. A pesar de eso, ella vive una vida plena y sencilla hasta que un día llegan a su casa y la llevan al palacio. Nadie le preguntó qué quería, cuáles eran sus sueños o si ella estaba de acuerdo o no. Simplemente la llevaron.

            Quizás otras personas te miren y digan que tu vida es perfecta. Tal vez crean que llegaste ahí sin haber pagado un precio. Cuán equivocada puede estar la gente. No ven lo que uno ha pasado ni el sacrificio que exigió la vida. Muchas mujeres sufren en silencio lo que han tenido que pasar o dar, aún sin saber cuáles serían los resultados. Sin embargo damos. Nos rendimos y morimos a nuestro yo. Y Dios, en toda Su fidelidad, recompensa a Su tiempo y a Su manera.

            Así fue con Ester. Ella encontró el favor de Jegay, el eunuco encargado de las doncellas; y luego fue escogida por el rey Asuero como reina. Pareciera que eso habría sido todo el plan de Dios para ella. Uno podría decir que siendo una chica abnegada y obediente, Dios le había premiado con una vida de lujo. ¡Esto sería una punta de vista muy superficial! Dios, quien todo lo sabe, la había plantado en el escenario de mayor lucha de la historia de Israel. Él sabía que la necesitaba a ella en ese lugar en ese tiempo.

            Me pregunto cuántas mujeres saben por qué están donde están y si dimensionan lo que Dios está haciendo. Nada es coincidencia. No nacimos en este tiempo porque sí no más. Dios a cada una nos arrancó de la eternidad y nos puso en este tiempo en ese lugar porque Él sabe exactamente qué espera de cada una. Sus planes son para bien y no para mal. ¿Estaremos dispuestas a pagar el precio que exige? No caigamos en el error de ver las cosas de manera superficial. El entorno, sea bueno o sea malo, no es el fin sino solo la circunstancia; y las circunstancias son pasajeras. El propósito, sin embargo, es eterno.


            ¿Cuáles son las circunstancias en las cuales te encuentras hoy? Una mujer de fe nunca está en donde está por casualidad. Hay un motivo muy importante por el cual estas pasando por esto. Dios está armando el escenario para que, cuando llegue el momento, también tú puedas decir, “¿Quién sabe si he llegado para un momento así?” 

martes, 3 de noviembre de 2015

TRANSFORMADOS


Una de las cosas que más daño hace a la iglesia es la religiosidad. Cuando nos encontramos separando a la gente en categorías, estamos cumpliendo un papel que nadie nos dio. Dios no nos llama a ser jueces, sino a amar. Sin límites, si condiciones, aunque cueste. Nuestro Padre usa a quien le plazca usar. Esto significa que Él puede usar gente de tu entorno para bendecirte, o quizás use personas que están en completamente otro sentir. Puede usar hasta al vagabundo del barrio para hablarte  - ¡si hasta a un burro lo hizo hablar, que nada te sorprenda! No caigamos en el error de creer que Dios necesita de gente santa para hacer Su Obra. Somos hechos santos por Él y en Su misericordia nos usa. Miremos una relación entre dos personas muy diferentes: Moisés y Jetro.

A Jetro lo vemos por primera vez en Madian, cuando urge a sus hijas traer a la casa al extranjero quien las había defendido. Ni idea tenía quién era que llegaba a su casa a cenar. Dios tenía un plan para ambos. Usó a Moisés para bendecir a Jetro, y a Jetro para bendecir a Moisés. Construyeron una relación. ¿Será que Moisés, quien había conocido la figura paterno pero no había crecido con su padre, encontró en Jetro lo que más necesitaba durante el proceso de preparación? Moisés quedó con ellos, se casó con la hija de Jetro y trabajó para él. Se ubicó debajo de la autoridad de Jetro. Ambos encontraron algo nuevo y necesitado en el otro, aunque eran completamente diferentes:
MOISÉS
JETRO
Más joven
Mayor
Hebreo
Madianita
Creció en un palacio
Creció como pastor
Volátil
Estable
Bien intencionado
Organizado
Inseguro
Confiado
Llamado a liderar
Llamado a preparer al líder

Después de que Dios le llamó a Moisés a través de la zarza, lo primero que hizo Moisés fue volver a casa y hablar con Jetro, su suegro. Le dijo que con su permiso, iría. Él valoraba a su suegro y recibía consejo de él. De esta manera reconocía su autoridad y su sabiduría. Esta actitud fue lo que preparó el corazón de Jetro para lo que después vendría. Moisés, el hebreo criado en el palacio del faraón quien había matado y corrido llamado a ser el libertador de su pueblo, precisaba de los consejos del mayor y más sabio sacerdote madianita. El sacerdote madianita necesitaba al Dios a quien el libertador más joven e inexperimentado le podía enseñar. El mejor regalo que una persona puede dar a otra es la fe en Dios. Los verdaderos amigos dan y reciben.

El trasfondo religioso de Jetro (los madianitas no adoraban a Jehová) no impidió sino que preparó su corazón para recibir la Verdad. Cuando vio lo que Dios había hecho por Israel, su respuesta fue alabanza sincera. Ser el suegro de Moisés durante cuarenta años le había dado la oportunidad de ver como Dios formaba a quien llamó.

Las palabras de Jetro EN Éxodo 18: 11 revelan que encontró a Dios en el testimonio de vida de Moisés: “Ahora sé que el Señor es más grande que todos los dioses, porque en este caso él los venció.” Tu vida y la mía es lo que grita al mundo del poder de Dios.


En Jetro encontramos un hombre quien, aunque al principio no conocía a Dios, fue usado por Él hasta reconocer Su grandeza. Él tenía mucho que ofrecer. Vemos desde el primer momento que es una persona capaz, noble y de carácter. Él ayuda a Moisés a organizarse para lograr mejores resultados. Le enseña al libertador a valorar a su equipo y a levantar a otros, en vez de hacerlo todo solo. ¿Quiénes en nuestras vidas, aunque no conozcan aún a Dios, son usados por Él? ¿Somos conscientes de su valor? Un error sería creer que el Señor solamente usa a Sus hijos. Él usa a quién quiera. Como Sus hijos, debemos tener el corazón de Dios – que ama y valora a cada persona, y saber recibir lo bueno que Él nos da a través de ellos.